Violencia
intrafamiliar
Breve informe sobre los factores que intervienen en la expresión de la
violencia intrafamiliar
Actualmente la mayor parte de los investigadores sobre el
tema consideran que las causas de la violencia intrafamiliar son de naturaleza
compleja y que su estudio debe contemplar los factores biológicos, el medio
ambiente inmediato, los factores de tipo social y familiar y los aspectos
culturales.
Los factores que intervienen en la expresión de la
violencia intrafamiliar de acuerdo con los más recientes hallazgos son los
siguientes:
Factores
orgánicos:
Garza Treviño1 en una revisión exhaustiva de
la literatura acerca de los factores biológicos que pueden predisponer a la
agresión ha asociado algunos casos de violencia con lesiones en el sistema
límbico, en los lóbulos frontales y temporales y con anormalidades en el
funcionamiento de la serotonina. Una de sus recomendaciones finales es que las
investigaciones sobre violencia intrafamiliar no deben estar fragmentadas y deben
encaminarse a la búsqueda de marcadores bioquímicos.
Factores
psicológicos:
Diversos estudios afirman que los padres que más
maltratan son aquellos que poseen baja autoestima, los que tienen antecedentes
de maltrato, los que están deprimidos, los que tienen baja tolerancia a la
frustración y los dependientes al alcohol. Debe resaltarse que sólo un 10 % de
los maltratadores posee una patología psiquiátrica severa. Yoshikawa2
encontró que una educación temprana en este campo e intervenciones familiares
oportunas y efectivas pueden reducir el riesgo de criminalidad juvenil.
Factores
psiquiátricos:
Los efectos de la violencia en el ámbito psiquiátrico
resultan cada vez más importantes; por ejemplo, Martínez y Richters3
han reportado que los niños que son testigos o víctimas directas de violencia
presentan altas probabilidades de padecer depresión y otros tipos de sintomatología
emocional, Parkers4 ha encontrado un alto porcentaje de problemas
psiquiátricos, incluyendo síntomas de estrés post-traumático y obsesión por la
venganza entre individuos que han perdido a una persona amada por asesinato. Por otro lado Mulvey5, al revisar la literatura del tema ha
concluido que la enfermedad mental también es un factor de riesgo para la
violencia. De hecho, tanto la enfermedad mental como el abuso crónico de
sustancias incrementan de manera considerable el riesgo de violencia. La
violencia y el suicidio se han encontrado relacionados entre sí y con la
dependencia a las drogas y al alcohol. Por lo que respecta a los trastornos de
personalidad el riesgo de violencia está vinculado a características limítrofes
o antisociales, en tanto que el riesgo de suicidio lo está con la depresión,
con la distímia y con los trastornos de angustia. Las sustancias que más se
relacionan con la violencia son el alcohol y la cocaína y las que menos son los
opiáceos. Por otro lado, McNeil y Binder6 han encontrado que
pacientes violentos internados fueron diagnosticados más frecuentemente como
esquizofrénicos, maniacos o poseedores de algún trastorno orgánico. Este tipo
de pacientes poseen altos niveles de hostilidad, suspicacia y agitación. Vielma7
y colaboradores han reportado que los homicidios en hospitales psiquiátricos en
Inglaterra son predominantemente realizados por esquizofrénicos (61 % de los
casos), y por pacientes con trastornos de personalidad (24 % de los casos)
Factores
contextuales específicos:
En el medio urbano los estresores suelen ser distintos y
mucho más intensos que en el medio rural; no obstante, en algunas poblaciones
rurales las tasas de violencia intrafamiliar y social presentan un incremento
sustancial a causa de patrones sociales particulares de la zona.
Factores
sociales:
Hay evidencia de que los aspectos sociales juegan papeles
importantes en la expresión de las conductas violentas. A este respecto Oliver8
en una revisión crítica de varios estudios acerca de la trasmisión
intergeneracional de la violencia ha concluido que una tercera parte de los
niños que han sido abusados físicamente se desarrollan sintiéndose “seriamente
ineptos” o bien convirtiéndose en padres abusadores.
Referencias
1.
Garza
Treviño ES. Neurobiological factors in aggressive behavior. Hosp Commun
Psychiatry 1994:45:690-699.
2.
Yoshikawa
H. Prevention as cumulative protection: effects of early family support and
education on chronic delinquency and its risks. Psychol Bull 1994;115:28-54.
3.
Martínez
P, Ritchers JE. The NIMH Community Project II. Children’s distress symptoms
associated with violence exposure, Psychiatry 1993;56- 22-35.
4.
Parkers
CM. Psychiatric problems following bereavement by murder or manslaughter. Br J
Psychiatry 1993;162:49-54.
5.
Mulvey
EP. Assessing the evidence of a link between mental illness and violence. Hosp
Commun Psychiatry 1994;45:663-668.
6.
McNeil
DE, Binder RL. The relationship between acute psychiatric symptoms, Diagnosis
and short-term risk of violence. Hosp symptoms Psychiatry 1994;45:133-137.
7.
Vielma
M, Vicente B, Hayes GD, Larkin EP, Jenner FA. Mentally abnormal homicide. A
review of a special hospital male population. Med Sci Law 1993;33:47-54.
8.
Oliver
JE. Intergenerational transmission of child abuse. Rates, research and
clinical implications. Am J Psychiatry 1993;150:1315-1324.
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